Río Blanco, Ver., 30 de septiembre de 2025 (Eliseo Morales).– En un hecho que vecinos califican como un atentado contra la memoria histórica, dos casas de finales del siglo XIX, que pertenecieron a la ex fábrica de Río Blanco, fueron demolidas sin miramientos, pese a que presuntamente contaban con protección del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
La demolición ocurrió en las calles Oriente 2 y Sur 4, donde las viviendas —consideradas como los últimos vestigios de las casas obreras de la plazoleta de los Mártires— quedaron reducidas a polvo y cascajo la tarde de este martes 30 de septiembre.
Las construcciones, levantadas con vigas de acero y ladrillo hueco, no sólo tenían valor arquitectónico, sino un profundo peso simbólico: representaban la vida de los obreros que protagonizaron una de las luchas más emblemáticas del país.
Sin embargo, el ex tesorero municipal y ex candidato de MORENA, José Gómez Deyta, apareció en la escena para proclamarse dueño del predio y asegurar, entre contradicciones, que su expediente estaba “en regla” y que el INAH no tenía registro de protección sobre el inmueble.
Para colmo, trabajadores que ejecutaban la demolición intentaron amedrentar a una corresponsal de prensa que documentaba lo sucedido, fotografiándola y soltando frases como: “ya no hay problema, ya se arreglaron”.
Hoy, lo que por más de un siglo resistió el paso del tiempo y las huellas de la historia, desapareció en cuestión de horas. La pregunta que queda en el aire es: ¿quién permitió borrar de un plumazo parte de la memoria obrera de México?
