Orizaba, Veracruz., 10 de julio de 2025 (Ixio LoaizA).- Como ya lo habían anunciado, integrantes del Colectivo Familias Desaparecidos Orizaba-Córdoba marcharon este jueves por las principalea calles de Orizaba para exigir la aparición de sus seres queridos.
A las 5 de la tarde, desde los arcos que marcan el límite con Río Blanco, el contingente comenzó su paso lento, cargando rostros impresos en lonas y pancartas, acompañados por figuras como el sacerdote y activista Alejandro Solalinde, el Obispo Julián César Martín de la Iglesia Anglicana de México y el padre Iván Garza. Con ellos, no solo caminaban familiares, sino también ciudadanos solidarios que reconocen que la desaparición forzada es un problema que a todos puede alcanzar. Las y los manifestantes hicieron un llamado a no rendirse, a no olvidar y a no acostumbrarse a la desaparición como parte de la vida cotidiana.
Durante el recorrido, hubo espacio para el silencio y para la voz. “No estamos en guerra, pero vivimos una guerra contra la impunidad”, se escuchó al llegar a la Plaza Bicentenario, donde el grupo se detuvo para realizar un pronunciamiento público. Araceli Salcedo Jiménez, presidenta del colectivo, recordó que detrás de cada número de la estadística nacional de desaparecidos —más de 120 mil en México— hay historias detenidas, familias incompletas y un país herido.
No fue solo un reclamo a las autoridades; fue también un llamado a la ciudadanía. Las familias enfatizaron que, aunque existen avances legales, sin voluntad institucional ni empatía social, las leyes son insuficientes. Buscar a un desaparecido, dijeron, es un acto de amor, sí, pero también de justicia y responsabilidad colectiva.
La reflexión se profundizó cuando el contingente se detuvo en la glorieta de la calle Sur 10 esquina Poniente 7. Ahí, Ana Lilia Jiménez Sandoval, madre de un joven desaparecido, leyó en voz alta el pase de lista de quienes faltan. Cada nombre fue acompañado de un eco colectivo, un recordatorio de que el olvido no puede ser opción.
Al llegar nuevamente a la Plaza Bicentenario, las familias colocaron fotografías, veladoras y figuras representando a sus seres queridos. Más que un cierre, fue un recordatorio visible para todos los que cruzan por ahí: la desaparición forzada no es un tema aislado de algunos; es una herida social que nos concierne a todos.
Las consignas finales, que ya son parte del tejido social en Orizaba y el país, resumieron el sentir de la jornada: “¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!” y “¡Hasta encontrarlos!”
Una madre lo dijo con voz quebrada: “Esta lucha no es solo nuestra, es de toda la sociedad, porque mientras alguien pueda desaparecer sin dejar rastro, nadie está realmente a salvo”.
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